La música ha sido mi guía vital. Literalmente. He estudiado música desde los 8 hasta los 21 años y todas las grandes decisiones en mi vida han sido influenciadas en una u otra forma por ella. Y sin embargo, he tardado demasiado tiempo en darme cuenta de una cosa:

  • Escuchéis lo que escuchéis, y os guste lo que os guste, nunca os dejéis influenciar demasiado por las opiniones de los demás.

Os voy a contar una anécdota que me ocurrió hace unos meses y que me obligó a darle muchas vueltas a la cabeza.

Un buen día, yendo en mi coche con varias personas, comenzó a sonar una canción de uno de mis grupos favoritos (System of a down). Mis acompañantes no estaban acostumbrados a ese tipo de música y pronto me dijeron que la cambiara, que era una mierda.

Me hice el indignado y bromeé un poco, pues era una de mis canciones favoritas. Intenté dejarla, pero insistieron en que la pasara, así que al final la cambié. No me costaba nada poner algo más digerible para un “oyente estándar”.

Hasta aquí todo normal. El problema fue que a los siete días, cuando iba conduciendo solo, volvió a sonar la misma canción. Pero algo había pasado. La canción ya no era la misma. Ya no sentía lo mismo cuando comenzaban a sonar aquellas primeras notas. Los sentimientos y las imágenes que aquella canción proyectaban en mi mente estaban empañadas por las opiniones negativas de mis amigos. Es como si la hubiesen emborronado.

Me enfadé y la cambié. Lo malo es que tuvieron que pasar varios meses antes de que aquella canción volviese a significar lo mismo de siempre.

¿Cómo podía haber pasado esto? Es decir, siempre tuve muy claro que era una canción genial y que me había hecho sentir mil cosas en el pasado. Pero ahora no podía verla de la misma forma. ¿Tan influenciable soy? ¿Me pasará esto con más cosas aparte de con la música?

Todas estas preguntas rondaron mi cabeza durante unos meses, hasta que llegué a varias conclusiones:

-La primera es que es inevitable que las opiniones de tu círculo más cercano te afecten y filtren tu percepción de la realidad. Sea música, relaciones, filosofía, moda, política o cualquier otro ámbito. Y en cierto modo, está bien que así sea. El contraste de opiniones ayuda a crecer. Pero también tenemos que saber determinar cuál es nuestra postura y nuestra opinión. Vivir, crecer y madurar es una constante entre desequilibrio y equilibrio. Una nueva opinión o postura nos genera un desequilibrio en nuestra forma de pensar. Y darle a la cabeza no es nada más que recobrar el equilibrio. A veces recobrar el equilibro requiere reafirmarnos en nuestras opiniones. Y en otras ocasiones, es necesario modificarlas. Lo que no podemos hacer es vivir en una indeterminación constante. Yo necesité unos meses para reafirmarme en mi opinión.

Y es que System of a Down, con sus defectos y sus virtudes, sigue siendo uno de mis dos grupos favoritos.

-La segunda es que vivir es sentir. Y una de las formas por excelencia de sentir, es el arte.

No te avergüences de la música que escuchas. Me da igual que seas un metalero al que también le gusta el pop. Me da igual que te guste el reaggeton y a la vez ames a Beethoven. Si durante toda tu vida un grupo o un género musical te ha hecho sentir cosas, no puedes estar equivocado. No es una moda o una influencia. Es algo inherente a tu persona.

Nunca lo reprimas. Y nunca dejes que te convenzan de lo contrario.