Date: 25 marzo, 2016

1/15: Primer día. Hoy me imagino que trabajo para Helados Nestlé.

Durante los últimos años me dijeron que mis ideas eran pura fantasía y que no podría conseguir trabajo. Pero nadie puede impedir que me imagine como sería, ¿no? 😀

Pues eso es lo que vamos a hacer. Durante 15 días escribiré mis experiencias ficticias en mis trabajos soñados. Un trabajo diferente cada día.

Comienzo esta serie de artículos imaginando que trabajo para Nestlé Helados.

Cuando a cualquier niño le preguntas qué quiere ser de mayor, existen múltiples respuestas. Una de las mías era: “Quiero ser catador de helados”.

Así que me puse a la obra, y con mucho esfuerzo y tenacidad he estudiado durante años el noble arte de probar helados. Y tras mucha deliberación, lo tengo claro: soy team Nestlé (Camy). Sin lugar a duda.

Lo siento amigos de Frigo, Khaleesi para todos y demás compañías, pero no tenéis nada que hacer contra la santísima trinidad de los helados: Mikolapiz, Chochoclak y el grandioso Maxibon.

El Mikolapiz es el helado de mi infancia.

No creo que exista un sabor que me evoque tantos recuerdos de mis años mozos como lo hace un poco de esa vainilla deslizándose por mi paladar. Y ya no hablemos de la mina de chocolate que tiene este particular lápiz. Cuando estás llegando al último bocado y aquello se convierte en una intensa pepita… Por favor, no existe una sensación similar.

 

El Chococlak es el mejor helado en relación calidad-precio de la historia. Es felicidad enfrascada por 1 euro.

En cierto modo parece el hermano mayor del Mikolapiz. También es de vainilla y tiene una lengua de chocolate. Pero este helado lleva una chupa de cuero del mejor chocolate que podríais encontrar a ese precio. Además, la lengua que tiene es muy diferente. La mina del Mikolapiz tiene un sabor crujiente y explosivo, mientras que la lengua del Chochoclak es más suave y melosa. Te acaricia las papilas gustativas y les da un abrazo. Es amable y cariñosa. Te trata bien. Y por eso le querré eternamente a mi lado.

 

Y por último está el mejor helado de todos los tiempos. He sido embajador de este helado desde que tengo uso de razón. Soy tan fanboy de el que por mi 20 cumpleaños mis amigos me regalaron varias cajas para que me callase. Sí, estamos hablando del grandioso y suntuoso Maxibon.

El helado de la doble esencia. Por un lado el mejor sándwich que puedas probar. Por el otro, el mejor chocolate con avellanas que ha cubierto una nata en su historia. Comer un Maxibon es una religión y no permitiré que ningún pagano lo coma mal. Os explicaré cómo se hace.

Lo primero es sacarlo del congelador. Necesitamos hacerlo con cuidado, pues tal material es demasiado valioso. Lo ponemos encima de la mesa, y lo dejamos reposar tres minutos y medio.Esto hará que pierda ese frío extremo y sus cualidades comiencen a aflorar.

A continuación, con mucho tacto, quitamos el envoltorio. El helado no debe mostrar casi ningún cristal de hielo o golpes en su majestuoso físico. Lo asimos con una mano por la parte del sándwich y le damos un mordisco de bienvenida a la parte del chocolate. Esto no es negociable. El Maxibon se come empezando por la parte del chocolate. No hay nada que discutir. Es así.

Y nada de comerse todo el chocolate de golpe y luego comenzar con la nata. No. La magia de la vida consiste en el contraste y la mezcla de sabores. Tenemos que ir probando un trocito de chocolate y acompañarlo con su correspondiente fracción de nata. Si no, estaremos malgastando las potencialidades de esta joya culinaria.

Cuando estemos terminando la parte de chocolate, el sándwich habrá comenzado a derretirse ligeramente. Bingo. Es exactamente lo que necesitábamos. La galleta necesita un periodo de adaptación para adquirir el punto exacto. De haber comenzado comiendo la galleta, estaría dura e insípida. Cada mordisco sería violento, ya que estamos intentando desgarrar y arrancar algo que todavía no está listo para ser catado. Así que debemos darle su tiempo de preparación mientras comemos la otra parte.

Pero ahora sí. Ahora ya está listo. Cogemos la parte de la galleta y comenzamos a comerla. Al empezar a derretirse el gusto es mucho más suave y esponjoso. Podemos incluso apretar ligeramente con las yemas de los dedos y ver como la nata sobresale. Ese mordisco será el mejor.

Y ya está. Lo termináis y sonreís. Habéis comido el mejor helado de la historia de una forma exitosa.

Me llamo Samuel Vargas, alias Dandumn, y hoy me he imaginado siendo copywriter y asesor de contenido para Helados Nestlé. Asimismo he sido ordenado por la Reina Isabel II como Caballero de la Gran Cruz Maxibon.

Puedes contactar conmigo para cualquier cosa. Te informaré encantando sobre el apasionante mundo de la heladería 😀

 

VIII: No puedo conseguir los trabajos que me gustaría, pero sí puedo imaginarme cómo serían.

Me angustia el hecho de no poder conseguir un trabajo que me haga ilusión a día de hoy. Estudié magisterio y psicopedagogía, pero ahora mismo, con 24 años, siento que hay muchas cosas que intentar antes de dedicarme a mi profesión. Así que en el 2015 decidí aparcar las oposiciones y hacer lo que realmente quería.

Un año y medio después, aquí estoy. He entrenado durante un par de meses a un equipo que competía en la Liga de Videojuegos Profesional, escrito un libro, estudiado un montón de psicología social y copywriting y visitado varios países. Fue divertido y liberador.

Eso sí, trabajo sigo sin tener. Y la perspectiva de vivir bajo un puente comienza a aflorar en mi mente con bastante fuerza.

Si no tienes experiencia, no tienes trabajo. Si no tienes trabajo, no tienes experiencia. Y  resulta mucho más difícil si quiero trabajar en algo de lo que no tengo estudios oficiales. Pero entonces, un sueño absurdo me encendió la bombilla. No un sueño entendido como una ilusión futura. Digo un sueño de verdad, mientras estaba dormido.

Hace una semana soñé que Hacendado patrocinaba mis siguientes libros. Una idea grandiosa, aunque un tanto improbable. Me desperté riéndome de la situación, pero con un buen sabor de boca.

Y tras varios días pensando, llegué a una conclusión: es verdad que no voy a conseguir el trabajo que quiera en la empresa que quiera. Pero nadie puede prohibir que me imagine cómo sería. Y eso es exactamente lo que voy a hacer.

Durante los próximos 15 días os contaré mi experiencia inventada en mis trabajos soñados. En mi mente puedo ser lo que quiera 😀

Así que, vamos a trabajar en puestos imaginarios y posiciones a veces inexistentes. Uno cada día.

¡Let’s do this!

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