Tras cuatro nominaciones fallidas como mejor actor, Leonardo DiCaprio ya tiene su Oscar. Se acabó su particular maldición. Se acabó la infinita cantidad de burlas y memes que le perseguirían hasta el final de sus días. Y la verdad es que me alegro por él. Creo que lo merecía.

DiCaprio no es uno de mis actores favoritos, pero por algún motivo que desconozco, le tengo un cariño especial desde siempre. Logro conectar con los personajes que interpreta y empatizo bastante con ellos. Pensaba que esa era su mayor grandeza, pero ayer me sorprendió. Después de escuchar el discurso que dio tras más de 20 años luchando por un Oscar (su primera nominación fue en 1993 a mejor actor reparto), se ganó mi respeto y admiración eterna. Y lo hizo como persona, no como artista.

La verdad es que no puedo ni imaginar lo que sintió al escuchar su nombre. O quizá sí. Creo que Leo subió con una mezcla de sensaciones al escenario. Parecía aliviado y tranquilo, como si le hubiesen quitado un gran peso de encima. Tras tantas nominaciones, su trabajo por fin había sido recompensado. Pero viendo cómo apretujaba el Oscar con su mano, creo que ni él mismo terminaba de creérselo. El miedo y el nerviosismo todavía rondaban por su mente. Pero era verdad. Lo había conseguido.

Y sin embargo, tras tantos contratiempos, burlas y desilusiones, Leo no empleó ni un momento del discurso para hablar de sí mismo. Agradeció a los creadores de la película y a sus compañeros de reparto. Y no fue un agradecimiento rutinario. Esas cosas se notan. Leo agradeció de corazón a Tom Hardy, a Iñárritu y a todos lo que hicieron posible “The Revenant”. Incluso tuvo el detalle de recordar a su primer director de casting y a las grandes mentes que lo ayudaron en su trayectoria. Pero todo eso no es gran cosa. Lo verdaderamente valioso de su discurso fue el final.

Hay muy pocas situaciones en la historia en las que gran parte del planeta quiera escuchar las palabras que una persona va a decir. Ayer fue uno de esos días. Cualquier cosa que dijera DiCaprio tras recoger su ansiado y esperado Oscar, alcanzaría una dimensión superior. Leo decidió aprovechar esa oportunidad para intentar ayudar a la naturaleza. Y entonces dijo lo que muchos pensamos: nos estamos cargando el mundo y lo estamos haciendo demasiado bien. El ser humano es una plaga. Somos la única especie que, de desaparecer, le haría un gran favor al resto del planeta.

Leo consiguió con unas pocas palabras mucha más relevancia que cientos de pequeños héroes y heroínas que luchan por el cuidado del planeta. Tenía un altavoz perfecto y su posición se lo permitía. Estoy seguro de que si miramos los registros de búsquedas en internet sobre el cambio climático, hoy habrá una curva ascendente monumental. Habrá cientos de artículos a lo largo del mundo hablando sobre ello. Miles de personas sacarán un momento de sus vidas para reflexionar sobre lo que estamos haciendo.

DiCaprio decidió dar su tan esperado momento a otras personas. Regaló el mejor momento de su carrera a sus compañeros y a las personas que lo han marcado. Invirtió uno de los instantes más valiosos de su vida en concienciar a la gente sobre el cuidado de nuestro planeta. Regaló su protagonismo a gente olvidada, como son las poblaciones indígenas o las regiones más pobres del planeta. Y aunque lo hizo de una forma genérica, Leo no tuvo problema en señalar a los culpables: las grandes corporaciones y gran parte de los políticos.

Gracias por esos tres minutos de discurso, que espero pasen a la historia. No por el Oscar, si no por el mensaje que has dejado.  Ojalá perviva. Es lo más valioso que nos podrías haber dado.

Felicidades Leo ^_^