Category: Música

VII: Musicoescritura. Historias de amor con Ed Sheeran.

La música es capaz de transmitir mucho más de lo que otros lenguajes pueden. Dentro de sus notas y acordes podemos encontrar diversidad de emociones, sentimientos y sensaciones. Este es un texto experimental, en el que juego con la música y la escritura.
Para leerlo es necesario que escuches de fondo Photograph, de Ed Sheeran (con un volumen tenue).
Si no conoces la canción, no tiene mucho sentido que leas este texto experimental. Si la conoces, puedes ponerla y empezar a leer. De esta forma, es posible que el significado de las palabras aquí escritas se vea potenciado.
Es mejor que estés en un sitio tranquilo. Pon la canción, deja pasar 15 segundos y comienza a leer.

Historias de amor con Ed Sheeran

Ed tiene razón. El amor puede doler. Vaya que si puede doler. Y es que existen demasiadas historias. Historias que nadie conoce.

Está la historia de aquella chica que solo sonreía cuando le veía. En su garganta surgía un nudo y en su estómago mariposas. Pero nunca se atrevió a decir la verdad. Y él no se esforzó en buscarla. Pasaron los meses y los ojos de la chica comenzaron a apagarse, pues nunca lograban encontrarse con aquella mirada. Sin embargo, en su boca siempre permaneció una sonrisa. Lo malo de aquella sonrisa fue que nunca se apagó. Nunca logró superar el miedo que surgía en su interior ante el hecho de despegar sus labios para hablar. Y hoy en día todavía necesita cambiar de acera cuando se cruza con él. No podría soportar tener la oportunidad de mirarlo directamente a los ojos. Nunca la tuvo. Y nunca la tendrá.

También está la historia de aquel chico soñador. Nunca creyó que podrían estar juntos, ni siquiera después de estar con ella. Se sentía inferior, como un muñeco de trapo a su lado. Por más que ella insistiese diciéndole todo lo que valía o los motivos por los que le amaba, él nunca terminaba de creerla. Hasta el día en que dejó de quererla.

Y ahora, se arrepiente de todo. Cada noche, antes de dormir, piensa en ella. Daría su vida por pasar un día más a su lado. Pero el único consuelo que le queda es una foto desgastada. Una foto que siempre lleva consigo, en el bolsillo derecho de sus maltrechos vaqueros.

También está la historia de aquella chica del sur. Su amor vivía en la otra punta del país. La distancia resultaba dura, pero lograban hacerlo. La chica del norte trabajaba a la vez que estudiaba. La chica del sur ahorraba a la vez que peleaba. Estaba enferma. Demasiado enferma. Pero una vez al mes podía subir al norte. Su chica la esperaba en casa. Y en ese momento, un abrazo lograba apartar todas las penas de su agotado corazón.

Lo malo fue que nadie sabía la verdad sobre aquella chica. Solo ella sabía el motivo por el que iba al norte. Y cuando las cosas se pusieron feas, no pudo volver. Tampoco tuvo las fuerzas suficientes para explicarle al mundo lo que realmente ocurría. Así que su chica no pudo venir.

Nunca más volvió a abrazarla. Pero mientras cerraba los ojos, por última vez, fue ella quien ocupó los últimos pensamientos de su consciencia.

Pero no todo es dolor. Ed Sheeran también nos cuenta que lo bueno del amor es que puede curar. Puede aliviar. Puede dar la vida.

Está la historia de aquel chico que se había mudado a la ciudad. Le resultaba imposible encajar allí. Todo era diferente. Todo era demasiado grande. Todo era una mierda. Lo más interesante de sus días solían ser las conversaciones que escuchaba en el metro, cuando regresaba a casa, agotado. Se ponía los cascos y pasaba con lentitud las páginas de su libro, intentando fingir que vivía en un mundo aparte. La realidad era que añoraba formar parte de un grupo, pero simplemente no podía. O al menos eso creía, hasta que escuchó aquella risa. Aquella risa entró directamente hasta su cerebro. Hasta su alma. No pudo evitarlo y giró la cabeza con brusquedad. Y sus miradas se encontraron un segundo.

Agobiado por la situación, se bajó en la siguiente parada. Caminaría hasta su casa, mientras el frío del invierno se encargaba de borrar aquel molesto rubor que todavía teñía sus mejillas. Lo que no creía es que aquella dulce voz volvería a sonar a sus espaldas. Ahora pudo reconocerla. Habían coincidido en la biblioteca. Y también en la universidad. Ella se acercó y agarró el libro. Al parecer lo había seguido gracias a el. También era su favorito.  Caminaron juntos durante un buen rato, hablando sobre las historias que encerraban aquellas páginas. Se despidieron en el portal de su piso, pues ella vivía en la misma calle.

Y tras otras diez casualidades, el chico se convirtió en la persona más feliz de la ciudad. O del planeta. Sería imposible no serlo mientras se preparaba para verla, una vez más. Mientras caminaba hacia su casa para quedar con ella y con sus nuevos amigos, un día más. Mientras soñaba con besarla… una noche más.

También está la historia de aquella chica. Tímida y responsable, estudiaba hasta quedarse sin yemas en los dedos. Quería aprobar e ir a la graduación con los demás. Era uno de sus sueños. Y así fue como le conoció, en el braille de fin de curso. Él también había sido una de las mejores notas de su promoción. Todavía recuerda con nitidez la primera vez que pudo tocar su rostro. Los nervios le jugaron una mala pasada y no pudo disfrutarlo tanto como habría querido. De todas formas, para ella era perfecto. Tal y como lo había imaginado.

Se convirtieron en uña y carne desde aquel mismo día. Era imposible verlos separados. Y pese a que todo parecían obstáculos en su camino, lograron cumplir otro de sus sueños: vivir una vida normal. No querían depender de nadie. Ninguno de los dos lo soportaba. Así que, juntos, hicieron frente a todas las adversidades del día a día. Y lo consiguieron. En treinta años de relación, nunca atravesaron ningún bache. Siempre se apoyaron y cuidaron mutuamente. Era como si el universo los hubiera creado para complementarse. Era un amor puro y sincero. Un verdadero amor ciego.

Y por último está la historia de aquel chico. Aquel chico llevaba durmiéndose demasiado tiempo creyendo que mañana iba a ser el día. Mañana encontraría el coraje y daría el primer paso. Se pasaba horas imaginando el momento en su mente. Imaginando las palabras. Imaginando cómo reaccionaba. Pero se despertaba y todo se difuminaba. El miedo desterraba su valentía cada vez que la veía. Entonces pensaba que solo necesitaba un día más. Solo un día más.

Así, dejó pasar cuarenta y nueve días. Hasta que entendió que nunca tendría el valor suficiente. Entonces comenzó a alejarse de ella. Comenzó a ignorarla. Sus noches dejaron de ser el momento en el que surgían ideas sobre cómo abrazarla. Ahora solo brotaban lágrimas intentando olvidarla. Pasaron los días. Pasaron las semanas. Pero justo cuando estaba a punto de pasar página, volvió a verla. Y aquella mirada lo destrozó. Algo le pasaba. Entonces, todo el miedo que había acumulado durante meses, desapareció de su mente. Avanzó hacia ella y dijo lo que siempre había querido decir:

— ¿Te apetece que hablemos?

Y resultó ser que sí. Sí que le apetecía hablar. Él no era el único que no dormía por las noches. Él no era el único que tenía miedo. Y mientras la rodeaba con sus brazos, lo entendió:

El no era el único que había pasado cuarenta y nueve días buscando un abrazo.

Hay algo que no debería estar permitido. En algún manual para entender la vida, debería estar escrito que no. Que no vale.

No vale no haber amado por no haberse armado de valor.

 

 

 

IV: Hoy hablo de música. Hoy hablo de MUSE (1ª parte)

La verdad, no contaba con escribir este artículo hoy, pero me he encontrado haciendo una selección de las mejores canciones de Muse para enseñárselas a un amigo y he aprovechado para escribir sobre lo que más me gusta: la múuuuusica.

Esta tarde hice un largo recorrido por su discografía, seleccionando las canciones más populares, pero intentando tocar toda su variedad de estilos. Y tras varias horas rememorando y escuchando, llegué otra vez a la misma conclusión:

Si tuviera que escuchar un grupo durante el resto de mi vida, sería Muse. Sin lugar a duda.

Es un grupo que abarca tantos estilos y matices, que nunca me aburriría.
Muse es rock, rock alternativo y hard rock. También hace pop-rock y en ocasiones roza el metal alternativo. Muse hace una música clásica increíble y tiene las pelotas de juntarla con dubstep. Muse puede hacer canciones dignas de cuentos de hadas o de la saga de James Bond. Muse hace funk y hace música electrónica. Y este año han hecho una canción de estilo renacentista. ¡Con jodidas voces dignas de un coro de música sacra!

Cuando los escuché por primera vez, fue como un flechazo. Quizá os haya pasado. Escuchas una canción, y algo se remueve dentro. No sabes si en el estomago, en el pecho o en el cerebro. Pero esa música tiene algo.

La primera vez fue con Time is running out. Y el fragmento que me enamoró fue la previa al coro, esa subida lastímera en la que Matt dice: “Bury it… I won’t let you bury it…”.

¿Sabéis ese momento en el que escuchas una melodía y se te ponen los pelos del brazo de punta? Pues sí. Ahí pasaba algo. Y no sé a vosotros, pero a mí hay muy pocas canciones que me hagan sentir algo la primera vez que las escucho.  Y Muse lo consiguió.

Así que sin más dilación y teniendo en cuenta que no hay casi ninguna canción de Muse que me disguste, os presento mis preferidas.
No siguen un orden en específico y la mayoría de los vídeos se corresponden con sus versiones de estudio, pero ya os adelanto que Muse es el mejor grupo que he escuchado en directo. En toda mi vida.

Time is running out (Rock alternativo)

Como os he dicho, esta canción fue la chispa que prendió la magia. No sé que tiene. Pero tiene.

Hysteria (Rock histericoalternativo)

Es un puto temazo, sin más. Para mí, una de las mejores líneas de bajo de la historia.

Starlight  (Starlight no es rock. Starlight es amor)

Simple, pero perfecta.

Plug in baby (Rock psicodélico)

Una de las canciones que un fan de Muse tiene que vivir en directo. Te partirá el cuello y los tobillos.

New born (Rock alternativo)

No sé que le pasa a esta canción. Sabe a magia con guitarras. También tiene lo que yo llamo el efecto “Destroy the spineless” (2:25). Es una frase de esta canción que coincide con un giro melódico-armónico brutal, tras 55 segundos de preparación rítmica incesante (del 1:30 al 2:25). Hay muchos de esos giros en la discografía de Muse. Y para mí son la vida. (Aunque para otros son un aburrimiento cansino y rallante)

Butterflies and Hurricanes (Rock alternativo con música clásica)

Tiene todo lo que amo de Muse. El rock alternativo, su sonido mágico, sus ritmos frenéticos, los brutales cambios melódicos, esas progresiones de acordes que te rellenan el alma y el piano. Ese puto interludio de piano <3.
Esta canción es la prueba de fuego. Si te gusta, te aseguro que amarás a Muse. Si te disgusta, será más difícil. Pero  indiferente no te va a dejar.

Knights of Cydonia (Rock futurista del lejano oeste) xDDD

Brutal y diferente. Vivirla en directo con 50.000 personas saltando al unísono te deja sin palabras. Y sin respiración.

Feeling Good (Rock alternativo versionando un clásico)

Poco hay que decir sobre esta archiconocida canción. Solo una cosa:

Lo siento Michael Bublé. No tienes nada que hacer ^^

Panic Station (Funk rock)

Muse es capaz de abarcar cualquier estilo, y por eso los amo.
Aprovecho la ocasión para presentaros a mi amor platónico. Por razones evidentes, y porque no hay nada más atractivo que ver a una chica siendo la puta ama en un instrumento dominado por hombres. Ay <3

Madness (Pop rock)

En esta me veo obligado a poner la versión en directo. Es mucho mejor. Miradlo en Full HD y escuchadlo con cascos, por favor.

La verdad, solo Muse es capaz de hacerme amar una canción que parece una hamburguesa rellena de pop. Y lo hace con tan solo añadir unas voces y más armonía. La canción es una castaña repetitiva hasta el minuto 2:46, pero después es jodido amor. Pocos momentos me emocionan más que ver a todo un estadio cantando “I need to love” mientras levantan su mano hacia Matthew Bellamy (3:48 en adelante).

Y no parezco ser el único. Alguien ha hecho una recopilación de los mejores “I need to love” (aunque sin la preparación previa no conmueve lo mismo).

Maravilloso xDDD

He decidido dividir este post en dos partes, ya que son muchas canciones y podría hacerse pesado. Si no las conocíais, id digiriéndolas. Y si ya lo hacíais, ponedlas de nuevo <3

Quizá no percibáis algunas de las sensaciones que describo, sobre todo si nunca habíais escuchado a Muse antes. Pero bueno, encontrad el momento y el estado de ánimo determinado y es probable que estos cracks os vuelen la cabeza.

El próximo día hablaré más sobre sus discos antiguos, sobre los nuevos y también de alguna joyita oculta.

Un saludo.

II: Escuchad la música que os guste. Sin más.

La música ha sido mi guía vital. Literalmente. He estudiado música desde los 8 hasta los 21 años y todas las grandes decisiones en mi vida han sido influenciadas en una u otra forma por ella. Y sin embargo, he tardado demasiado tiempo en darme cuenta de una cosa:

  • Escuchéis lo que escuchéis, y os guste lo que os guste, nunca os dejéis influenciar demasiado por las opiniones de los demás.

Os voy a contar una anécdota que me ocurrió hace unos meses y que me obligó a darle muchas vueltas a la cabeza.

Un buen día, yendo en mi coche con varias personas, comenzó a sonar una canción de uno de mis grupos favoritos (System of a down). Mis acompañantes no estaban acostumbrados a ese tipo de música y pronto me dijeron que la cambiara, que era una mierda.

Me hice el indignado y bromeé un poco, pues era una de mis canciones favoritas. Intenté dejarla, pero insistieron en que la pasara, así que al final la cambié. No me costaba nada poner algo más digerible para un “oyente estándar”.

Hasta aquí todo normal. El problema fue que a los siete días, cuando iba conduciendo solo, volvió a sonar la misma canción. Pero algo había pasado. La canción ya no era la misma. Ya no sentía lo mismo cuando comenzaban a sonar aquellas primeras notas. Los sentimientos y las imágenes que aquella canción proyectaban en mi mente estaban empañadas por las opiniones negativas de mis amigos. Es como si la hubiesen emborronado.

Me enfadé y la cambié. Lo malo es que tuvieron que pasar varios meses antes de que aquella canción volviese a significar lo mismo de siempre.

¿Cómo podía haber pasado esto? Es decir, siempre tuve muy claro que era una canción genial y que me había hecho sentir mil cosas en el pasado. Pero ahora no podía verla de la misma forma. ¿Tan influenciable soy? ¿Me pasará esto con más cosas aparte de con la música?

Todas estas preguntas rondaron mi cabeza durante unos meses, hasta que llegué a varias conclusiones:

-La primera es que es inevitable que las opiniones de tu círculo más cercano te afecten y filtren tu percepción de la realidad. Sea música, relaciones, filosofía, moda, política o cualquier otro ámbito. Y en cierto modo, está bien que así sea. El contraste de opiniones ayuda a crecer. Pero también tenemos que saber determinar cuál es nuestra postura y nuestra opinión. Vivir, crecer y madurar es una constante entre desequilibrio y equilibrio. Una nueva opinión o postura nos genera un desequilibrio en nuestra forma de pensar. Y darle a la cabeza no es nada más que recobrar el equilibrio. A veces recobrar el equilibro requiere reafirmarnos en nuestras opiniones. Y en otras ocasiones, es necesario modificarlas. Lo que no podemos hacer es vivir en una indeterminación constante. Yo necesité unos meses para reafirmarme en mi opinión.

Y es que System of a Down, con sus defectos y sus virtudes, sigue siendo uno de mis dos grupos favoritos.

-La segunda es que vivir es sentir. Y una de las formas por excelencia de sentir, es el arte.

No te avergüences de la música que escuchas. Me da igual que seas un metalero al que también le gusta el pop. Me da igual que te guste el reaggeton y a la vez ames a Beethoven. Si durante toda tu vida un grupo o un género musical te ha hecho sentir cosas, no puedes estar equivocado. No es una moda o una influencia. Es algo inherente a tu persona.

Nunca lo reprimas. Y nunca dejes que te convenzan de lo contrario.

 

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